Gestión Tecnológica y Evaluación de Tecnologías en Salud: diferencias, complementariedad y aplicación en las Instituciones Prestadoras de Servicios de Salud (IPS)

La gestión tecnológica y la evaluación de tecnologías en salud son conceptos estrechamente relacionados, pero no equivalentes. Ambos buscan que las instituciones y los sistemas de salud tomen mejores decisiones sobre las tecnologías que utilizan; sin embargo, se ubican en planos distintos. La evaluación de tecnologías en salud responde, principalmente, a la pregunta sobre el valor de una tecnología: si es efectiva, segura, pertinente, costo-efectiva, sostenible y adecuada para una determinada necesidad de salud. La gestión tecnológica, en cambio, se ocupa del ciclo completo de vida de esa tecnología dentro de una organización: desde la identificación de la necesidad, la evaluación previa, la adquisición, instalación, uso, mantenimiento, vigilancia, renovación, sustitución o retiro.

En términos sencillos, la evaluación de tecnologías en salud es una herramienta técnica para decidir; la gestión tecnológica es el sistema institucional que organiza, ejecuta y controla esas decisiones. Por ello, no debería entenderse la evaluación como una actividad aislada o meramente académica, sino como una fase crítica dentro de un proceso más amplio de gestión. Una institución que incorpora una tecnología sin evaluarla corre el riesgo de adquirir equipos, medicamentos, dispositivos, pruebas diagnósticas o modelos de atención que no agregan valor suficiente, que duplican capacidades ya existentes, que generan costos no previstos o que introducen riesgos para los pacientes. Pero una institución que evalúa una tecnología y luego no gestiona adecuadamente su adquisición, mantenimiento, uso, vigilancia y renovación tampoco logra traducir la evidencia en mejores resultados.

La evaluación de tecnologías en salud permite analizar, de manera sistemática, las consecuencias clínicas, económicas, organizacionales, éticas, sociales y de seguridad asociadas al uso de una tecnología. Esta evaluación puede aplicarse a medicamentos, dispositivos médicos, equipos biomédicos, pruebas diagnósticas, procedimientos, programas de atención, modelos organizacionales o soluciones digitales. Su propósito es informar la toma de decisiones, no sustituirla. La decisión final debe integrar la evidencia disponible con la necesidad institucional, el contexto financiero, la capacidad operativa, la seguridad del paciente y la estrategia de la organización.

La gestión tecnológica, por su parte, tiene un alcance más operativo y estratégico. En una institución prestadora de servicios de salud, gestionar la tecnología implica saber qué tecnologías se tienen, en qué estado se encuentran, quién las usa, para qué se usan, qué riesgos generan, cuánto cuestan, cuándo deben mantenerse, cuándo deben renovarse y qué impacto tienen sobre la atención. También implica definir responsabilidades, estandarizar procedimientos, capacitar al talento humano, asegurar el cumplimiento normativo y establecer indicadores para verificar que las tecnologías realmente contribuyan a la calidad, la seguridad y la eficiencia.

La relación entre ambos conceptos puede verse como una secuencia lógica. Primero, la institución identifica una necesidad clínica, operativa o estratégica. Luego analiza si existe una tecnología que pueda responder a esa necesidad. Después realiza una evaluación de tecnologías en salud para estimar su valor frente a las alternativas existentes. Si la decisión es incorporarla, la gestión tecnológica se encarga de que esa incorporación ocurra de manera segura, ordenada y sostenible. Posteriormente, la misma gestión tecnológica debe monitorear su desempeño, sus costos, sus eventos adversos, su mantenimiento, su utilización y su eventual reemplazo o desinversión. Así, la evaluación alimenta la gestión, y la gestión verifica si la decisión evaluada produjo los resultados esperados.

Esta distinción es especialmente importante cuando se comparan las evaluaciones realizadas por entes gubernamentales con las evaluaciones realizadas por hospitales. Las evaluaciones gubernamentales suelen tener una perspectiva macro. Están orientadas a decisiones de política pública, cobertura, financiación, reembolso, regulación o inclusión de tecnologías dentro de planes de beneficios. Por tanto, su pregunta central suele ser si una tecnología debe ser financiada o recomendada para una población amplia dentro del sistema de salud. Estas evaluaciones tienden a usar comparadores nacionales, costos promedio, análisis de costo-efectividad desde la perspectiva del sistema, del pagador o de la sociedad, y consideran impactos poblacionales.

En cambio, las evaluaciones hospitalarias tienen una perspectiva más local y operativa. Su pregunta central no es solamente si la tecnología es valiosa para el sistema de salud en general, sino si conviene incorporarla en una institución específica, con unas condiciones particulares de talento humano, infraestructura, demanda, portafolio de servicios, presupuesto, procesos asistenciales y estrategia competitiva. En este caso, el comparador usual no es necesariamente la práctica promedio nacional, sino la tecnología o el procedimiento que ya se utiliza en el hospital. La evaluación económica se concentra más en costos reales para la institución, impacto presupuestal, costos diferenciales, productividad, rentabilidad, flujo de caja, necesidad de inversión, sostenibilidad y efectos sobre la operación.

También existen diferencias en los tiempos, los actores y el tipo de decisión. Una evaluación gubernamental puede tardar más tiempo porque requiere mayor alcance metodológico, revisión amplia de evidencia, participación de actores del sistema y análisis de impacto para poblaciones numerosas. Sus usuarios principales son ministerios, agencias de evaluación, pagadores, autoridades sanitarias y responsables de política pública. Una evaluación hospitalaria, en cambio, suele requerir respuestas más rápidas, porque se relaciona con decisiones concretas de adquisición, reposición, ampliación de servicios, apertura de unidades, alianzas estratégicas, actualización tecnológica o retiro de tecnologías obsoletas. Sus usuarios principales son juntas directivas, gerentes, directores médicos, comités de compras, líderes clínicos, ingeniería biomédica, calidad, seguridad del paciente y áreas financieras.

Esto no significa que las evaluaciones hospitalarias sean menos rigurosas. Significa que su rigor debe ser proporcional al tipo de decisión. Una tecnología de alto costo, alto riesgo o alto impacto estratégico exige una evaluación más profunda. Una tecnología de menor riesgo o de reposición rutinaria puede requerir una evaluación más abreviada. Lo esencial es que el hospital no tome decisiones únicamente por presión comercial, preferencia individual de un servicio, prestigio tecnológico o disponibilidad presupuestal momentánea. La evaluación hospitalaria debe proteger a la institución de decisiones fragmentadas y ayudar a que la incorporación tecnológica responda a necesidades reales, prioridades institucionales y criterios explícitos.

En Colombia, este enfoque se articula con el Sistema Obligatorio de Garantía de Calidad en Salud. Las normas de habilitación establecen condiciones mínimas relacionadas con capacidad tecnológica y científica, dotación, medicamentos, dispositivos médicos e insumos, procesos prioritarios, historia clínica, registros e interdependencia. Desde esta perspectiva, una tecnología no puede analizarse solo por su utilidad clínica; debe revisarse si la institución cuenta con talento humano competente, infraestructura adecuada, mantenimiento, soporte técnico, procesos seguros, registros, trazabilidad, vigilancia y mecanismos para gestionar los riesgos asociados a su uso.

Los estándares de acreditación también refuerzan esta visión, al incluir la gestión de tecnología como parte de los estándares de apoyo institucional. Esto implica que la organización debe gestionar de manera integral sus recursos tecnológicos desde la planeación hasta la renovación, considerando el impacto que tienen sobre la seguridad, la calidad, la continuidad de la atención y los resultados en salud. En consecuencia, la gestión tecnológica no se limita al inventario de equipos biomédicos ni al mantenimiento preventivo. Incluye la planeación estratégica de las tecnologías, su alineación con el modelo de atención, la evaluación previa a su incorporación, la gestión de riesgos, el entrenamiento del personal, la vigilancia posuso y la toma de decisiones sobre reemplazo o retiro.

Todo este proceso debe concretarse en un Manual de Gestión Tecnológica institucional. Este manual debe ser un documento operativo, no solo declarativo. Su función es establecer cómo la institución identifica, evalúa, incorpora, usa, mantiene, vigila, renueva y retira sus tecnologías en salud. Debe definir responsabilidades, procedimientos, registros, indicadores y mecanismos de seguimiento. Además, debe estar articulado con el plan estratégico institucional, el mapa de procesos, el mapa de riesgos, el programa de seguridad del paciente, los comités institucionales, el plan de infraestructura, el plan de educación y el plan de renovación tecnológica.

De acuerdo con las exigencias normativas colombianas aplicables a prestadores de servicios de salud, el manual debería contener, como mínimo, los siguientes componentes: alcance y objetivos de la gestión tecnológica; definiciones institucionales de tecnología en salud; estructura de gobierno y responsabilidades; metodología para identificación de necesidades; criterios para priorización; procedimiento de evaluación de tecnologías en salud; criterios clínicos, de seguridad, estratégicos, organizacionales, económicos y financieros; procedimiento para adquisición y evaluación de proveedores; requisitos para recepción, instalación, pruebas, aceptación y puesta en funcionamiento; inventario tecnológico actualizado; hojas de vida de equipos; programa de mantenimiento preventivo y correctivo; calibración, metrología y control de calidad cuando aplique; gestión documental de registros sanitarios, permisos de comercialización, manuales de usuario y soportes técnicos; procesos de capacitación y entrenamiento del talento humano; protocolos de uso seguro; gestión de incidentes y eventos adversos asociados a tecnologías; tecnovigilancia, farmacovigilancia y reactivovigilancia cuando correspondan; gestión de dispositivos médicos reutilizables y reprocesamiento cuando aplique; gestión de obsolescencia, reposición, renovación y desinversión; indicadores de desempeño; auditoría, seguimiento y mejora continua.

Referencias bibliográficas
  1. Instituto de Evaluación Tecnológica en Salud (IETS). Manual para la elaboración de evaluaciones de tecnologías en salud para la incorporación de tecnologías en Instituciones Prestadoras de Servicios de Salud (IPS). Bogotá, D.C.: IETS.

  2. Ministerio de Salud y Protección Social. Resolución 5095 de 2018. Por la cual se adopta el Manual de Acreditación en Salud Ambulatorio y Hospitalario de Colombia.

  3. Ministerio de Salud y Protección Social. Manual de Inscripción de Prestadores y Habilitación de Servicios de Salud. Colombia.

  4. Ministerio de Salud y Protección Social. Resolución 914 de 2025. Por la cual se establecen los requisitos para el reprocesamiento de dispositivos médicos reutilizables y se dictan otras disposiciones.

  5. Organización Mundial de la Salud (OMS). Health Technology Assessment (HTA). Disponible en: https://www.who.int

  6. International Network of Agencies for Health Technology Assessment (INAHTA). Health Technology Assessment Resources. Disponible en: https://www.inahta.org